Salario emocional vs. Salario real: Con L de Liderazgo

*Adriana Alanis


Imagen tomada de Expansión

La semana pasada leía en LinkedIn un post de Jaime Leal donde contaba que en una charla en la que estaba contando sobre la importancia del salario emocional en las organizaciones, alguien levantó la mano y preguntó si el salario emocional sustituía al salario de dinero real… porque en su empresa llevaban seis meses sin pagarles su sueldo…


Ambos conceptos son sumamente importantes, el segundo por obvias razones, ¡o sea! vivimos en un mundo capitalista, no puedes llegar a la tienda a comprar la leche y querer pagar con reconocimiento, ¿no? Pero también debemos de tener super en cuenta que, en una organización, por muy buen salario que paguen, si la gente no se siente reconocida, valorada, tomada en cuenta, etc., y al contrario, hay sobre exigencias y malos tratos, ¡hijole joven!, ¿Cómo te explico?


Y esto me hace recordar la historia de mi esposo, cuando trabajaba en una agencia de autos. Las comisiones eran muy buenas pero el ambiente laboral estaba espantoso. Todos los días había reuniones con el equipo de ventas en las que tanto el gerente del departamento como el gerente de la agencia, se encargaban de minimizar e incluso ridiculizar a los ejecutivos de ventas. Y con este “shot de motivación diaria” los ejecutivos salían a vender (no te voy a contar los resultados de ventas de esa agencia, pero supongo que te los imaginas). Y ¿sabes qué es lo peor del caso? En una organización donde la tensión es tan alta, donde las personas no son importantes, donde se les da más peso a los resultados, aunque se tenga que pasar por encima de la dignidad de quien sea, el costo emocional es tremendamente alto. Y ese costo es trasladado a casa, con la pareja, con los hijos, y se refleja corporalmente, a través de malas noches de sueño, estrés, agotamiento, enfermedades, o incluso la misma muerte…



Me he topado con muchos dueños de negocios que quieren contratar mis servicios y me dicen “Adriana, quiero que les des a mis empleados un curso, que se pongan la camiseta, que se comprometan con el trabajo… pero yo no voy a participar, ¿¿¿Eheee?? A mí no me metas, no voy a jugar, no voy a estar ahí”, desde ese momento me doy cuenta que en realidad el problema no está en la falta de compromiso de los empleados, y pues sí, la verdad es que soy muy buena en lo que hago, pero si los cambios no empiezan desde la cabeza, pues yo no puedo hacer milagros.


Hace tiempo leí un post en Facebook donde decía “si sueles tener relaciones tóxicas, quizá el tóxico o la tóxica estás siendo tú”. En las relaciones laborales es lo mismo. Si tienes un patrón de resultados que se repite una y otra y otra vez, quizá sería momento de afrontar que es estadísticamente imposible que todos los colaboradores sean exactamente iguales y traigan las mismas mañas… ¿Cuántos colaboradores han pasado por tu empresa? Y date cuenta qué es lo único que se mantiene igual… Sip. Tú.


Sin embargo, también estoy super segura que ningún empresario ni ningún gerente del planeta se levanta todas las mañanas pensando “¿cómo le haré para joderle hoy la vida a mis colaboradores?”, ¡obvio no! Dudo mucho que los gerentes de la agencia que te contaba se levantaban pensando “¿hoy qué les voy a decir para que se sientan basura?”, ¡al contrario! Me imagino que hasta ensayaban su speech frente al espejo, y estaban (o están, entiendo que siguen con la misma práctica) convencidísimos que es lo mejor para los resultados… en fin… Hay una frase muy usada que dice que la gente no renuncia a un empleo, renuncia a un mal jefe y a un elevado costo emocional. Pero ¿sabes? Soy una convencida que no existen los malos jefes, sólo existen los que no tienen las herramientas para manejar a su equipo de trabajo de mejor manera.


No puedes sacar de la ecuación uno de los dos salarios. No puedes intentar sustituir el escuchar a tu personal, el reconocerlo, el “motivarlo” por darles más incentivos o diseñar un esquema diferente de compensaciones. Por muy buenas compensaciones que pagues, si la gente no se siente involucrada, simple y sencillamente no va a estar comprometida. Punto. Peeeeero tampoco puedes darles unas condiciones espectaculares de trabajo y pagarles una bicoca… te podría decir que es hasta cruel, porque es un chantaje emocional: por un lado, se sentirán muy bien y todo el tema, pero, pues también hay compromisos que cumplir y bocas que alimentar, y esto genera un nivel de estrés altísimo, los harás sentir malagradecidos. Ambas van de la mano, deben estar en perfecto equilibrio, para que la gente se sienta valorada tanto emocional como económicamente. Y si esto pasa, tendrás gente comprometida con tu organización, hasta que la muerte los separe.


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*ADRIANA ALANIS

Coach, formadora, entrenadora y mentora de líderes. Creadora de la Metodología 3L: Liderazgo de tu Vida, Liderazgo de tu Equipo y Liderazgo de tu Productividad. Autora del libro DE JEFE A LIDER COACH y creadora de la Agenda del Líder Disruptivo. Profesora universitaria con más de 20 años de servicio y vicepresidenta COPARMEX Hidalgo, Premio Nacional a la Mujer 2020 y Galardón Forjadores de México 2021.

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