Resiliencia, capacidad que se aprende: Bien-estar-bien

Por Marcela Padua



Resiliencia es una de esas palabras que están de moda, la usamos y no necesariamente la comprendemos. Decimos por ejemplo que las mujeres somos “muy resilientes”; que tal o cual grupo social sale adelante gracias a su resiliencia; que debemos educar a los niños para ser resilientes, etc. ¿De qué va el asunto de la resiliencia?


Revisemos dos definiciones para ir entrando en materia:

a) Resiliencia es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformando el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas.

b) Resiliencia es “la capacidad de un sistema, empresa o persona para mantener su propósito central e integridad ante un cambio dramático de circunstancias”. (Andrew Zolli y Ann Healy, “Resiliencia”)


En ambos casos encontramos tres elementos comunes: se trata de una capacidad; de hacer frente o mantener el propósito; y de adversidades o cambios dramáticos.

Al tratarse de una capacidad, es algo que se puede aprender o desarrollar.

Hay una clara actitud orientada a mantener el propósito, que es una característica del carácter.

Y un elemento de flexibilidad y adaptación.


¿Para qué sirve?

Entre otras cosas, ser resiliente sirve para adaptarse a las experiencias de vida difíciles o extremas y ser capaz de superarlas, sin demérito de los objetivos o propósitos que se tengan.


Dice el profesor español Santiago Moll que “…en una sociedad donde cada vez se corre más, donde impera la cultura de la inmediatez y donde se niega el fracaso, se hace más necesario que nunca que elaboremos estrategias conjuntas para formar alumnos no sólo desde el punto de vista intelectual, sino también y, sobre todo, desde el punto de vista emocional.”


Y es que la resiliencia está muy vinculada a los procesos de salud emocional, por lo que la psicología le otorga mucha importancia en estos tiempos.


El camino del aprendizaje

Se dice que uno de los factores que mejor contribuyen a construir resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia, como un tejido que nutre el desarrollo emocional del individuo.


Procurar ampliar la red de relaciones de apoyo, tanto para dar como para aceptar ayuda de los otros, enriquece también nuestra resiliencia.


Otras acciones a favor de este aprendizaje son las siguientes:

· Aceptar que el cambio es parte de la vida y que la mejor manera de hacerlo es a través de identificar aquello en lo que sí podemos incidir, para modificarlo a nuestro favor.

· Las crisis son obstáculos superables, que tienen componentes generadores de tensión y bloqueos, pero que en el largo plazo van a mejorar.

· Movernos hacia nuestras metas, tal vez dando pasos pequeños, buscando logros diarios que mantenga nuestra motivación – en vez de alimentar la frustración por lo no logrado-.

· No perder la esperanza o, dicho de otra manera, visualicemos lo que queremos en vez de preocuparnos por aquello que tememos.

· Cultivar una visión positiva de uno mismo, a través del desarrollo de la confianza en nuestra capacidad para resolver problemas y confiar en nuestros instintos.

· Cuidar de uno mismo, a través de actividad física, del arreglo personal, de actividades reconfortantes que fortalezcan nuestra autoestima.

Cuatro factores que identifican a una persona resiliente

· Una actitud positiva ante la vida

· El optimismo

· La habilidad para (auto)regular las emociones y

· La capacidad para entender el fracaso como parte integral del aprendizaje.


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Marcela Padua es consultor organizacional y terapeuta. Durante varios años trabajó en el mundo editorial, como publisher y columnista. Fundó y dirige XARENI Consultores, firma dedicada a la comunicación, mercadotecnia y relaciones públicas, especializada en tecnología. En paralelo ha desarrollado un fuerte trabajo de preparación y práctica como terapeuta, alrededor de la medicina tradicional china y la alimentación consciente, teniendo como eje principal el ChiKung.

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