Normalizar la ansiedad: Camino del Bienestar

Por Marcela Padua


Imagen tomada de Canada Info

Pocas semanas atrás, al reiniciar en forma presencial mi labor como instructora para un grupo de adultos mayores, tuve la oportunidad de toparme de frente con el rostro de la ansiedad.


Esa expresión un tanto rígida, entre las ganas de llorar y el temor que se marca en el entrecejo, denota preocupación y limita la interacción. Ese cosquilleo que sube por el pecho junto con cambios en la respiración y que fácilmente puede convertirse en un ataque de pánico. En el lenguaje corporal, movimientos titubeantes, mirada elusiva.


La ansiedad es uno de los trastornos en materia de salud mental. Actualmente es tan común, está tan extendida y la padecemos con tanta frecuencia que parece “normal”. Pero no lo es. Por eso hoy vamos a revisar algunos de sus aspectos para evitar “normalizarla” en nuestra vida, esto es, evitar la consideración de que es normal tener ansiedad desproporcionada.


¿Qué es?

Se dice que la ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. También que es una respuesta adaptativa cuando percibimos peligro que puede poner en riesgo nuestra vida; una cuestión de peligro que puede ser una situación real o bien, una creada en nuestra mente. Estamos ante una reacción tanto fisiológica como emocional.



En la ansiedad, al igual que en la vida, todo es cuestión de medida. Por un lado, suele presentarse como una reacción funcional –es una señal de alerta cuando estamos en una situación complicada o ante una amenaza, que por su naturaleza tiene principio y fin-, y por otra parte estamos ante una reacción patológica o disfuncional, que es cuando se habla de ansiedad generalizada.


Cuanto más nos dejamos arrastrar por los pensamientos obsesivos, por el diálogo interno con cuestionamientos del tipo ¿Qué tal si pasara…? ¿Y si no sucede…? con sus infinitas variantes, más caemos en el trastorno de ansiedad, con lo cual las expresiones de agitación, nerviosismo, fatiga, irritabilidad, falta de sueño reparador, preocupación acerca de la preocupación, incapacidad para decidir, etc., se vuelven constantes. Estamos en un proceso de enfermedad o, mejor dicho, de desequilibrio, que es como se expresa la falta de armonía en la medicina china.


Aquí el punto de inflexión.

La ansiedad disfuncional, generalizada, se puede convertir en algo más grave, puede afectar el buen funcionamiento del corazón y de la mente. Es precisamente este el patrón que buscamos evitar como “normal”, primero haciéndonos conscientes de lo que (nos) sucede si es que estamos padeciendo de periodos ansiosos, luego poner en práctica alguna de las técnicas de respiración que nos llevan a la calma; enseguida, buscando apoyo terapéutico para aliviar el padecimiento. Dicho apoyo lo proporciona alguna persona cercana o de confianza con la que podamos charlar; o bien un profesional de la psicología, así como un profesional en alguna de las disciplinas terapéuticas tales como Meditación, ChiKung, Yoga, entre otras.


¿Cuál es la mejor opción? La que tú decidas. Solo recuerda que, tal como titula el diario El País uno de sus artículos: “Casi todas las cosas que nos preocupan no ocurrirán jamás”.


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Marcela Padua es consultor organizacional y terapeuta. Durante varios años trabajó en el mundo editorial, como publisher y columnista. Fundó y dirige XARENI Consultores, firma dedicada a la comunicación, mercadotecnia y relaciones públicas, especializada en tecnología. En paralelo ha desarrollado un fuerte trabajo de preparación y práctica como terapeuta, alrededor de la medicina tradicional china y la alimentación consciente, teniendo como eje principal el ChiKung.

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