Decir adiós: Tu faro interior

*Laura Hidalgo R.


Crédito: OkChicas

Para decir adiós es porque un día abrimos la puerta y dimos paso a algo nuevo en nuestra vida, a alguien que llegó. Le dimos una cálida bienvenida y le permitimos quedarse un tiempo. ¿Para qué? Seguramente para vivir una experiencia que debíamos aprender. Muchas veces no me cuestiono el sentido de cada persona que aparece en el camino en ese preciso momento, aunque ya lo hago cada vez más de manera consciente. ¿Tú te lo cuestionas?


Te invito a que a partir de hoy, en este instante te preguntes ¿Qué tienes que aportarle a cada persona que aparece en tu vida cada día?, o qué es lo que vienen a decirte y enseñarte los demás. El modelo de Semiología de la Vida Cotidiana propone que todos somos Actantes, los que actúan. Si, cómo los actores en un escenario, actantes que cuestionan nuestra conciencia. Se dice también que todas las personas son nuestros maestros y lo más maravilloso es que sin darnos cuenta muchas veces del hecho, también somos maestros para los demás. ¿Qué es exactamente lo que estamos enseñando? ¿Te lo has preguntado? ¿Qué es lo que dejas ver de ti?


Cerrar ciclos como se terminan los capítulos de las series apasionantes en la televisión. La primera temporada y luego la segunda y así tantas como llegan y se espera con ansia el siguiente episodio para ver que sigue. Así tal cual. Se terminan programas de radio, libros, todo se termina.


Pero regresemos al adiós, a la salida. La salida de un proyecto, de un trabajo, de una relación. Cerrar ciclos asimilando experiencias. ¿Qué es eso? ¿Cómo se hace? Querrás saber.


Tal cual, cerrar el ciclo de la misma manera en que un día se abrió lleno de sorpresas, ilusiones y expectativas para caminar por un nuevo sendero en que apostamos que tendría un final feliz. Ahí está la respuesta de todo “un final feliz” en contra de un camino juntos. El final ya estaba presupuestado. ¿Es feliz de verdad tu final?


Cerrar ciclos es como cerrar puertas, es salir de un lugar, cerrando la puerta dulcemente, sin azotarla hasta que truene y casi se caiga. Caminar un camino, el que sea, como había mencionado: proyecto, empleo, relación entre otros implica reconocer el entusiasmo del principio, esa primavera inicial tan seductora con la que comenzamos, poniendo la mejor actitud y disposición para que fuera exitoso y germinara en el verano. Todo ciclo tiene un otoño que va soltando todo para renovarse donde las hojas cambian de color antes de caerse anunciando un invierno esperado: el final, que solo aguarda reconectar con la nueva primavera.


Si desde el primer día tuviéramos conciencia de que es solo un principio y tendrá que terminar, agradeceríamos cada instante compartido, cada joule de energía empleado, y la conciencia de darnos y entregar lo mejor de nosotros para recibir lo mismo. La vida se encarga de devolvernos lo que hemos puesto en ella.


¿Porqué se terminan los ciclos? Porque cuando se ha consumado el aprendizaje, ya está. Ya no tienes que estar ahí, has logrado el objetivo y sigues dando pasos hacia delante.


Es como si quisieras quedarte en primero de primaria todo el tiempo, hay que evolucionar y pasar a segundo y a tercero y crecer en el camino. Es cierto que en ocasiones se reprueba el año y hay que volver a cursarlo para obtener el aprendizaje necesario. Incluso tomar regularización y cursos extras cuando no se aprende bien. Pero la mirada siempre es hacia delante. Como un río que fluye y no se detiene, solo va en presente al ritmo del camino. Si hay piedritas, las brinca o si hay unas varas que obstruyen el caudal, se mete entre ellas sin pelear.