Conoce los efectos de la memoria y de los estímulos: Mi vida, su significado

*Kazumi Murata


Imagen tomada de curiosidario

Hoy en la mañana saliendo de mi casa en carro me topé con un vecino -él iba también en su coche y probablemente no me haya visto- con quien tuve una pequeña discusión el año pasado: estaban repavimentando la calle y parte de ella no tenía paso, los que no tenían acceso a sus casas buscaban un lugar en la calle para estacionarse. Él dejó su coche en la banqueta frente a mi casa, pero a la mitad, por lo que le pedí amablemente -según yo- si podía mover un poco más hacia adelante su coche para que así ambos pudiésemos caber. No sé qué entendió, pero se subió a su coche y se fue a estacionar a otro lado, no sin antes demostrarme su desacuerdo y enojo, los cuales yo traté de suavizar sin éxito.

Cuando vi su auto, en automático recordé el incidente y mientras estaba al alcance de mi vista -iba justo delante de mí-, estuve repitiendo y repitiendo aquel momento en mi mente justificándome de que me había portado amable y que él lo había entendido mal. Hasta que él tomó un camino diferente y pude “soltar” ese pensamiento reiterativo, pero quedándome con una sensación desagradable.

Al cabo de unas horas caí en la cuenta de que revivir mentalmente aquella escena me había causado emociones negativas y me había drenado la energía.

Desde la perspectiva de Semiología de la Vida Cotidiana®, la memoria no es un simple repositorio de recuerdos, es un Escenario de Representación, que para explicar utilizamos un triángulo conformado por tres partes:

1. Memoria lúcida: situada en la punta superior y ocupando la parte más pequeña del triángulo, contiene los recuerdos más fidedignos.

2. Memoria relativa: está en la parte media del triángulo, ocupa un espacio mayor que la memoria lúcida y es lo que recordamos vagamente con algunos o varios elementos inventados, perdiendo precisión.

3. Memoria nula: ocupa la base y la mayor parte del triángulo cuyos recuerdos están en el olvido.

Los recuerdos no son estáticos, van y vienen cruzando los tres estratos.

La memoria se activa y se reactiva a través de dos estímulos:

a. Estímulos externos: todo lo que se percibe por los cinco sentidos.

b. Estímulos internos: son lo que pienso, lo que imagino, lo que sueño y lo que recuerdo.

Y aquí viene lo interesante.

El cerebro no puede distinguir si lo que pienso, imagino, sueño o recuerdo es real o no. Para el cerebro son lo mismo: es una realidad.

El suceso con el vecino es un hecho que realmente ocurrió. Una sola vez. Y en ese momento viví una serie de emociones y sensaciones (el cuerpo también manifiesta lo que vive: un ardorcito en el estómago, un músculo que se tensa). Sin embargo, todas las veces que “recordé” el suceso, me justifiqué como si fuera real y volví a vivir todas las emociones y sensaciones negativas, una y otra vez.

Mi cerebro registró esos recuerdos como reales, dejando huellas en mí. Y lo peor, me quitó -más bien, me quité- calidad de vida.

Y ¿el vecino? Creo que ni se percató de mi presencia…

¿La buena noticia? Es que yo tengo el poder sobre mis estímulos internos -salvo quizás, lo que sueño-.

De los hechos en sí no tendré el control absoluto, quizá alguna injerencia o tomar precauciones, pero la realidad a veces -o muchas veces- se presenta sin que yo tenga el mando. No obstante, yo sí puedo decidir si le doy rienda suelta a los estímulos internos o mejor elijo vivir el presente en paz y armonía.

Y esto, es empoderarse.

¿No crees?


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*KAZUMI MURATA

Consultora y Comunicadora certificada en Semiología de la Vida Cotidiana®

Miembro certificado de la Asociación Internacional de Semiología de la Vida Cotidiana A.C.

Terapeuta holística: terapia cuántica y practicante de Barras de Access Consciousness®

Apasionada del buceo. Escritora

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