Cómo hacer la tarea del desapego: Mi vida, su significado

*Kazumi Murata



Estando en grupo de autoayuda para codependientes, me di cuenta lo controladora que era, sobre todo, con mis hijos.

Bajo la consigna de ser una buena madre, me sentaba con ellos a hacer la tarea e indicaba paso a paso cómo debía hacerse. Si algo no me parecía lo borraba para que lo volvieran a hacer hasta que yo quedara satisfecha con el resultado. También pretendía controlar sus sentimientos y emociones y me peleaba con todo aquel o aquello que les causaba algo negativo o intentaba que no les llegaran esos golpes de la vida.

En una reunión me llegó una epifanía:

- Hola, soy Kazumi y soy codependiente. Y hoy me propongo soltar el control que tengo sobre mis hijos. Voy a comenzar por dejar de hacer la tarea con ellos.

Y llegué muy contenta a casa con mi gran decisión.

A la hora de la comida, les notifiqué a mis hijos la noticia:

- A partir de ahora, ya no voy a hacer la tarea con ustedes. Solo les voy a preguntar qué tarea tienen y ustedes se harán cargo de hacerla o no y a qué hora. Claro que si tienen alguna duda, con gusto les apoyo.

- Sí mami.

Estaba en mi café después de la comida, según yo muy tranquila y satisfecha con mi actuar. Pero conforme iban pasando los minutos, las horas y veía que no se ponían a hacer la tarea, mi angustia, enojo, sufrimiento comenzaron a aparecer internamente. En mi afán por mantenerme -en realidad solo lo aparentaba, o ni eso- ecuánime, no dije una sola palabra que tuviera que ver con la tarea y acabé mi día agotada por mi inmenso esfuerzo, pero sintiéndome la ganadora del día. Esta dinámica, externa e interna, se repitió durante toda la semana.

Llegué a mi siguiente sesión presumiento mis logros pero la terapeuta hizo un comentario que me fulminó:

- Es un buen comienzo, lograste cambiar una actitud externa, pero el desapego se trata, justo, de no sentir esa angustia interna.

A través del modelo de Semiología de la Vida Cotidiana® comprendí a profundidad que yo, no solo tenía apego a mis hijos, sino también al proceso de cómo debe de hacerse la tarea y a la idea o creencia mía de cómo debe de ser una buena madre.

El apego es un proceso de subordinación psicológica del Yo al ello, y el ello puede ser un objeto, un lugar, una persona, un proceso, una creencia o una idea. ¿Cómo sé que estoy apegado? Porque va acompañado de un proceso de sufrimiento: me genera emociones negativas, ocupa mucho espacio y tiempo en mi mente y mis emociones, me afecta. Esto nos lleva a un punto sumamente importante: el apego se da tanto por fascinación como por rechazo. En otras palabras, aquello que odias, desprecias o rechazas, también es apego.

¿La ruta de salida? Suena lógico que sería el desapego. Pero hay que tener mucho cuidado porque es muy común confundir desapego con indiferencia.

La indiferencia es cuando el ello no me importa, no me interesa.

Por el contrario, el ingrediente principal del desapego es el amor: el ello me importa, pero no me afecta, no sufro con, por o debido a, él.

Aunque he aprendido a desapegarme del proceso “cómo debe de hacerse la tarea” y ya no me afecta cómo la hacen, cuándo la hacen o incluso si la hacen, dejando que ellos vivan sus propias consecuencias, estoy consciente de que es uno de muchos apegos que todavía tengo por trabajar.

Y tú, ¿qué apegos has descubierto que tienes?


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*KAZUMI MURATA

Consultora y Comunicadora certificada en Semiología de la Vida Cotidiana®

Miembro certificado de la Asociación Internacional de Semiología de la Vida Cotidiana A.C.

Terapeuta holística: terapia cuántica y practicante de Barras de Access Consciousness®

Apasionada del buceo. Escritora

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