Cómo decir no sin sentir culpa: Tu Faro Interior

*Laura Hidalgo R.


Imagen tomada de atmosferadicciones

¿Te ha pasado que querías decir NO y salió un SÍ? Ese NO que se quedó atorado en la punta de la lengua y en su lugar ganó el SI. ¿Por qué me pasa eso tan seguido? ¿Te lo has preguntado? ¿Será que solo me pasa a mí?


¿Cuántas veces en la vida has tenido que hacer algo que no querías porque no te atreviste a pronunciar la hermosa palabra de dos letras que resuelve miles de situaciones y te hace sentir tan bien?


¿Qué sucede dentro de mi que siento pena cuando en realidad no quiero aceptar un compromiso? Eso es ignorarme y sentir que lo mío no vale con tal de quedar bien. Puedo creer que el otro no podrá resolver solo si yo no le ayudo o le acepto y entonces sentirme rechazado.


¿Por qué la culpa? Tal vez pienso que no merezco estar bien si el otro no está de acuerdo conmigo o tengo la creencia de que es egoísmo mírame a mi primero y me siento menos que los demás.


¿Cuál es el miedo oculto detrás de cada SÍ que digo? Podría ser que en realidad no tengo una opinión mía que hacer valer o quizá me voy al futuro lejano y siento ansiedad de lo que podría pasar si fallo y digo que NO. Le quito valor a mis sentimientos y emociones.


Dice la psicóloga española Silvia Congost que estas tres emociones son condicionantes para muchos de nosotros en determinados momentos. Es fundamental el autoconocimiento para poder liberar la pena, la culpa y el miedo que se instalan y por baja autoestima permitimos que nos gobiernen. Son como un combo que suelen venir unidas por los estándares que la sociedad nos pide cumplir.


Hemos vivido condicionados por años influidos por la tradición, moda y cultura traídos por la escuela familia y sociedad como lo remarca la Semiología de la Vida Cotidiana. Vivimos en automático sin cuestionar si lo que decidimos es realmente lo que queremos o si decidimos porque es lo que se espera de nosotros.


Hoy podemos decir que esa mirada externa con la que muchos crecimos: El qué dirán, ya es obsoleta. Podemos renunciar a no cumplir estándares de belleza, estatus, títulos y optar libremente por nuestro llamado interior del que siempre hablo. El llamado del corazón que pide a gritos ser escuchado.


No tendríamos que pensar en quedar bien afuera sin antes ser congruentes con lo que pensamos, sentimos y decimos. Quedar bien conmigo mismo primero y así poder fluir. Nada más reconfortante que expresar lo que verdaderamente siento cuando lo siento. La asertividad es una herramienta que deviene del autoconocimiento porque me permite hablar con la verdad sin poner pretextos ni excusas ni decir mentiras por no hacer sentir mal al otro con mis decisiones.


Decir NO al otro equivale a decirme a mí. ¿Lo habías pensado? No es egoísmo darle prioridad a lo que la tiene y por eso es muy importante saber cuales son mis valores para no brincarlos delante de las propuestas y decisiones de otros. Saber lo que yo valoro y no es negociable dejar de lado. Poner límites claros evita que otros quieran transgredirlos, pero primero respetarlos yo.